Cómo hablar de sexo con tu pareja sin que sea incómodo

Hablar de sexo con la persona con la que tienes sexo suena, dicho así, a algo que debería ser obvio y sencillo, y sin embargo es una de esas conversaciones que muchísimas parejas evitan durante años, dejando sin decir cosas que probablemente mejorarían bastante su vida sexual compartida.

Esta evitación no responde a falta de confianza en la relación, sino a la vulnerabilidad que implica un tema tan íntimo, donde tanto quien pregunta como quien responde puede sentirse expuesto o incluso juzgado, aunque no exista ninguna intención de juicio real por ninguna de las dos partes.

Repasamos algunas estrategias que suelen facilitar este tipo de conversaciones, convirtiéndolas en algo bastante menos incómodo de lo que la anticipación suele hacer parecer.

Elegir el momento fuera del dormitorio

Sacar el tema en un momento relajado, sin la presión ni la vulnerabilidad de estar en pleno encuentro íntimo, suele facilitar mucho más una conversación honesta que intentar abordarlo justo en el momento en que algo no está funcionando como se esperaba.

Un paseo, una cena tranquila o cualquier momento sin prisas resulta mucho más propicio que forzar la conversación en caliente, cuando ambas personas están más vulnerables y menos receptivas a escuchar con calma.

Empezar por lo positivo

Iniciar la conversación mencionando qué está funcionando bien, antes de pasar a lo que se querría cambiar o probar, ayuda a que la otra persona no reciba el mensaje exclusivamente como una crítica, algo que reduce considerablemente la actitud defensiva desde el principio.

Este enfoque no busca suavizar artificialmente el mensaje, sino situarlo dentro de un contexto más completo que refleje también lo que ya funciona dentro de la relación sexual compartida.

Usar el lenguaje que resulte cómodo para ambos

No hace falta un vocabulario técnico ni forzado; lo importante es encontrar un lenguaje con el que las dos personas se sientan cómodas, siempre que resulte lo suficientemente claro para que el mensaje se entienda sin ambigüedad.

Cada pareja desarrolla, con el tiempo, su propio vocabulario para hablar de estos temas, y no pasa nada por tardar un poco en encontrar el tono que mejor funcione entre ambas personas concretas.

Preguntar en lugar de asumir

Preguntar directamente qué le gusta a la otra persona, en lugar de asumir que ya se sabe tras cierto tiempo juntos, suele revelar información que puede haber cambiado con el tiempo sin que nadie se haya molestado en actualizarla explícitamente.

Este tipo de preguntas, aunque puedan generar cierta vergüenza inicial, suelen ser recibidas con bastante más apertura de la que se anticipa, precisamente porque demuestran interés genuino en el bienestar y disfrute de la otra persona.

Hablar también de lo que no funciona

Comunicar con delicadeza qué no resulta placentero, en lugar de callarlo por miedo a herir a la otra persona, evita que se repita durante años una dinámica que en realidad no satisface del todo, algo que suele generar más resentimiento acumulado que la propia conversación incómoda inicial.

Formular estos comentarios centrados en la propia experiencia, en lugar de en lo que la otra persona hace mal, facilita que se reciban desde la colaboración y no desde el reproche.

Normalizar estas conversaciones con el tiempo

Cuanto más se practica hablar de sexo con la pareja, menos incómodo resulta cada vez, un patrón que se repite con cualquier tipo de conversación difícil que se aborda de forma habitual en lugar de evitarse sistemáticamente durante mucho tiempo.

Convertir estas conversaciones en algo periódico, y no exclusivamente reservado para cuando surge un problema concreto, ayuda a normalizarlas dentro de la dinámica general de la relación de pareja.

Cuándo puede ayudar el apoyo externo

Si la pareja siente que no consigue tener estas conversaciones sin que deriven sistemáticamente en tensión, contar con el acompañamiento de un profesional especializado en terapia de pareja puede facilitar herramientas concretas y un espacio seguro donde practicar esta comunicación con más apoyo.

Buscar este tipo de ayuda no indica que la relación esté mal, sino que ambas personas están invirtiendo en una parte importante de su conexión que merece la misma atención que cualquier otro aspecto de la vida en pareja, incluidos los que, a primera vista, no parecen tener nada que ver directamente con el terreno sexual de la relación.

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