Una de las preguntas que más circula, aunque casi nunca en voz alta, es si el propio nivel de deseo sexual es normal, como si existiera una cifra oficial de referencia con la que comparar la propia experiencia y salir bien o mal parado en esa comparación imaginaria.
La realidad es que la libido varía tanto de una persona a otra, y también a lo largo de la vida de una misma persona, que la propia idea de una libido normal resulta bastante más artificial de lo que parece a primera vista, algo que la sexología lleva años intentando explicar sin demasiado éxito frente a la creencia popular.
Repasar por qué esta variabilidad es la norma, y no la excepción, ayuda a soltar comparaciones que, en el fondo, aportan bastante poco valor real a la hora de entender el propio deseo sexual.
Por qué la libido varía tanto entre personas
Factores genéticos, hormonales, psicológicos, relacionales y contextuales interactúan de formas distintas en cada persona, generando niveles de deseo que pueden ser altos, bajos o moderados sin que ninguno de estos niveles sea, en sí mismo, más correcto o saludable que otro.
Esta combinación tan personal de factores explica por qué comparar el propio nivel de deseo con el de una pareja, un amigo o una cifra que circula por internet resulta, en la práctica, bastante poco informativo sobre la propia situación individual.
La libido también varía dentro de una misma persona
El nivel de deseo de una misma persona puede fluctuar considerablemente según el momento del ciclo, el nivel de estrés, la calidad del sueño, el estado de la relación o simplemente la etapa vital en la que se encuentre, sin que estas variaciones indiquen ningún problema subyacente.
Esta fluctuación interna refuerza la idea de que buscar un nivel fijo y estable de libido es, en cierto modo, ir contra la propia naturaleza cambiante del deseo sexual a lo largo del tiempo.
Cuándo la libido baja sí merece atención
Aunque no existe una cifra universal de referencia, una disminución notable y sostenida del deseo, que genera malestar personal o coincide con otros síntomas, sí puede merecer una consulta médica o especializada para descartar causas hormonales, médicas o psicológicas concretas.
La diferencia clave está en si la variación genera malestar real o simplemente se aleja de una expectativa comparativa sin fundamento, dos situaciones muy distintas que conviene no confundir a la hora de valorar si algo requiere atención.
Cuándo la libido alta también genera dudas
Del mismo modo, tener un deseo sexual notablemente más alto que la media tampoco es, por sí mismo, motivo de preocupación, salvo que interfiera de forma significativa con la vida cotidiana o genere malestar personal, situaciones bastante menos comunes de lo que a veces se asume.
El problema de comparar la libido en pareja
Cuando dos personas dentro de una relación tienen niveles distintos de deseo, algo extremadamente común, la tentación de decidir cuál de las dos tiene el nivel correcto suele generar más conflicto del necesario, cuando en realidad se trata simplemente de una diferencia que conviene gestionar, no resolver como si hubiera un ganador.
Por qué las comparaciones sociales distorsionan la percepción
Series, películas y determinado contenido en redes sociales suelen presentar niveles de deseo y frecuencia sexual poco representativos de la realidad, generando expectativas distorsionadas sobre lo que debería considerarse un nivel de libido normal en la vida cotidiana de cualquier persona.
Ser consciente de esta distorsión mediática ayuda a tomar con más distancia cualquier comparación que surja al consumir este tipo de contenido, entendiendo que rara vez refleja fielmente la diversidad real de experiencias sexuales.
Aceptar el propio nivel como punto de partida
En lugar de perseguir un nivel de libido considerado ideal, resulta más útil partir del propio nivel actual como punto de referencia, prestando atención a si genera malestar real o simplemente se aleja de expectativas externas sin ningún fundamento sólido detrás.
Esta aceptación no significa resignarse ante cualquier situación, sino simplemente dejar de medir el propio deseo con una vara que, en el fondo, nunca existió de forma tan universal como parece sugerir la conversación popular sobre el tema, y que probablemente nunca existirá de esa forma, por mucho que la conversación popular insista en lo contrario.