El debate entre monogamia y relaciones abiertas suele generar posturas bastante encontradas, con quienes defienden un modelo como el único válido y quienes consideran que el otro es, por definición, más avanzado o liberador, aunque la evidencia disponible resulta bastante más matizada que cualquiera de estas dos posturas.
En los últimos años ha crecido notablemente el interés académico por comparar ambos modelos de forma más objetiva, dejando a un lado el juicio moral que tradicionalmente ha acompañado a este debate, para centrarse en qué dice realmente la investigación sobre satisfacción, celos y funcionamiento relacional en cada caso.
Repasar estos hallazgos ayuda a entender que ninguno de los dos modelos es automáticamente mejor que el otro, sino que cada uno funciona bien cuando encaja con las necesidades reales de las personas implicadas y se practica con honestidad y consentimiento mutuo.
Lo que dice la investigación sobre satisfacción
Distintos estudios comparativos muestran niveles de satisfacción relacional similares entre parejas monógamas y parejas en relaciones consensuadas no monógamas, siempre que ambos modelos se practiquen de forma honesta y con acuerdo explícito de todas las personas implicadas.
Este dato contradice tanto la idea de que la monogamia es la única vía hacia una relación satisfactoria como la idea de que abrir una relación garantiza automáticamente más satisfacción, sugiriendo que el factor determinante es otro distinto al modelo de relación elegido.
El factor que realmente predice el éxito: la honestidad
La investigación coincide en señalar que el factor más determinante para la satisfacción, en cualquiera de los dos modelos, es la honestidad y el consentimiento explícito de todas las personas implicadas, más que el modelo concreto de relación que se haya elegido llevar a cabo.
Las relaciones no consensuadamente no monógamas, es decir, con infidelidad de por medio, presentan sistemáticamente peores indicadores de satisfacción y confianza que tanto la monogamia como la no monogamia practicada de forma abierta y acordada entre todas las partes.
Los celos no desaparecen automáticamente en relaciones abiertas
Contrariamente a cierta idea popular, abrir una relación no elimina los celos, aunque algunas personas dentro de estas dinámicas desarrollan con el tiempo herramientas específicas para gestionarlos, un proceso que requiere trabajo consciente y no ocurre de forma automática simplemente por cambiar de modelo relacional.
Esto sugiere que quienes buscan en la no monogamia una solución para evitar por completo los celos suelen encontrarse con una realidad bastante distinta a la esperada, ya que esta emoción sigue apareciendo, simplemente en un contexto diferente al habitual.
Por qué la monogamia sigue siendo mayoritaria
Pese al creciente interés académico y mediático por la no monogamia consensuada, la investigación sigue mostrando que la monogamia continúa siendo el modelo mayoritario y, para muchas personas, el que mejor se ajusta a sus propias necesidades de seguridad, simplicidad y conexión exclusiva con una pareja.
Esta preferencia mayoritaria no invalida a quienes eligen otros modelos, sino que simplemente refleja la diversidad real de necesidades relacionales que existen entre distintas personas, sin que ninguna preferencia deba considerarse superior a otra de forma general.
Los retos específicos de las relaciones abiertas
Gestionar el tiempo, la logística, la comunicación entre múltiples personas implicadas y la propia inseguridad que puede surgir en determinados momentos son retos específicos que las relaciones abiertas afrontan, y que requieren habilidades de comunicación particularmente desarrolladas para funcionar bien a largo plazo.
Quienes practican con éxito este tipo de relaciones suelen coincidir en que exige un nivel de comunicación explícita considerablemente mayor que el que suele darse por sentado en muchas relaciones monógamas convencionales.
Los retos específicos de la monogamia
La monogamia, por su parte, enfrenta sus propios retos, como sostener el deseo y la novedad a lo largo de mucho tiempo con una única pareja, o gestionar la atracción hacia otras personas sin que esto se viva como una amenaza automática a la propia relación establecida.
Reconocer estos retos específicos ayuda a entender que ningún modelo relacional está exento de dificultades propias, simplemente cada uno presenta un conjunto distinto de aspectos que requieren atención y trabajo consciente por parte de las personas implicadas.
Elegir el modelo que encaje con cada relación concreta
Más que buscar cuál de los dos modelos es objetivamente mejor, la evidencia disponible invita a reflexionar sobre qué modelo encaja mejor con las necesidades, valores y circunstancias concretas de cada relación particular, sin presión externa hacia ninguna de las dos direcciones.
Esta reflexión, hecha con honestidad y comunicación abierta entre las personas implicadas, suele resultar mucho más útil que adoptar cualquier modelo simplemente porque resulte más tradicional o, al contrario, más moderno según las tendencias del momento.